El hábito de la lectura comenzó a cambiar para siempre a lo largo de 2009 con la apuesta de la industria electrónica por el "e-book", destinado a convertirse en uno de los regalos estrella de estas Navidades.
¿Serán estas Navidades el principio del fin de la era del papel? Lo que está claro es que el e-book traspasó en 2009 la barrera de los inventos prometedores para enmarcarse en el territorio de los que, como internet, el teléfono móvil o el iPhone, producen un cambio irreversible.
Amazon, que se alió con el libro electrónico Kindle para crear un sistema de exclusividad similar al de iTunes y iPod de Apple, anunció a finales de noviembre que su libro electrónico era ya el producto más vendido de su página, 3 millones en lo que va de año.
Sus acciones se dispararon a un precio de 135,25 dólares y las estimaciones para 2013 son de 13 millones de ejemplares. Para muchos, el libro electrónico, como el papel de aluminio, quedará asociado a su marca más famosa: Kindle.
"El papel quedará como un objeto de culto, algo parecido a lo que pasó con los caballos y el coche", según Juan González de la Cámara, director general de Grammata, el portal que distribuye para el e-book español, el Papyre.
Es decir: ya no cabe ponerse a la defensiva y, como hicieron las discográficas al aliarse con iTunes o YouTube, toca negociar con el antiguo enemigo para no quedarse atrás, según los expertos.
El Kindle ha bajado su precio hasta los 259 dólares; el lector de Sony y el Nook aceptan más tipos de archivos e introducen color; Google ha puesto ocho millones de libros disponibles on line; existe la Europeana, y Marvell ha anunciado que presentará su e-book a comienzos de 2010 por 150 dólares. La maquinaria es ya imparable.
Las ventajas claras son la portabilidad y la ecología, así como, por el ahorro en costes de distribución e impresión, el descenso de los precios. El libro de ficción más vendido en Amazon para Kindle es "Eclipse", de Stephanie Meyers, por poco más de 5 dólares.
También, desde luego, la accesibilidad de los catálogos y la ubicuidad de los puntos de venta. Pero, una vez más, la tecnología va por delante de la legislación y entran en juego las cuestiones de propiedad intelectual.
EFE

